− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− No creo en los golpes de suerte, creo que en el trabajo cada uno vive lo que le corresponde. Lo que está para él. La mayor suerte es saber aceptar lo que nos corresponde y, de igual manera, lo que no nos corresponde.
− ¿A cuál de los personajes que ha interpretado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− Guardo un profundo cariño a mi Eugenia de Bandolera. Tras más de 200 capítulos, el vínculo con el personaje es tan fuerte que te permite trabajar desde un lugar sin resistencias, en el que el personaje está completamente vivo y es independiente. Pero hay otros como Beatriz Osorio, en Isabel, con los que también conectas de una manera muy directa pese a que se ruedan en menos tiempo. ¡Cuesta dejarlos atrás cuando termina el trabajo! Selecciono mucho mis personajes porque entiendo que, como en la vida, me partiré los puños por aquellos que escoja. Eso hace que siempre quede amor por los que un día elegí, aunque fueran personajes duros.
− Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− A las artes plásticas. Ya me dedico a ello, pero de forma más secundaria, al ritmo que me permite mi trabajo. Ahora empiezo a dar forma a un proyecto en el que conviven fotografía, escritura y, poco a poco, pintura. De momento podéis ver parte de este trabajo en mi blog (La_Rivoir), aunque todavía estoy experimentando. Algún día tendré un taller donde guardar mis pinturas, mis luces y mis cachivaches, como la casita de cristal de Méliès. Pero sin prisa, todo llega.
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Perteneces a esto te guste o no, así que solo puedes asumirlo. Tirar la toalla no es una opción. No es posible mientras sientas que es aquí donde perteneces. Eso sí, si con el tiempo me descubriera distinta y sintiese que mi lugar está en otro sitio, tomaría nuevos caminos sin dudarlo. Sin ligarlo al fracaso.
− ¿Le gusta ver los títulos en los que ha participado?
− Siempre los veo cuando se emiten para comprobar el resultado final y analizar mi trabajo dentro de ese todo que recibe el espectador. Pero sin más, sin obsesiones. Verse es parte del juego.
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El principal problema es el gobierno español, el pensamiento conservador dentro y fuera del propio sector y el miedo. En España no hay una industria sólida, a lo que se suma que el mundo está cambiando y, por consiguiente, esa industria también necesita un cambio. ¿Qué hace falta? Sentido común y amor por la cultura y el país. Si las mentes limitadas de nuestros dirigentes y empresarios no están preparadas para innovar, para asumir el riesgo de lanzarse a la búsqueda de nuevos modelos, que al menos sean capaces de copiar a los vecinos cuyos modelos sí funcionan. Generar industria solo supondría enriquecimiento. Enriquecimiento cultural, social, económico. Y también ganaríamos en dignidad. Pero parece que ahora solo interesa empobrecer.
No podemos quedarnos llorando porque el cine ya no es lo que era. ¡El mundo en sí no es lo que era! Convirtamos el cambio en virtud y utilicemos la democratización de Internet como arma a favor. ¿Se cierran las salas? Hoy en día todo el mundo lleva una pantalla en el bolsillo. El cine no es una mezcla de butacas y palomitas, el cine es una historia y muchos píxeles, y eso no lo hemos perdido. Démosles a los cines un nuevo papel en la sociedad o en la industria que Internet no pueda sustituir. Y démosle a nuestras películas un lugar digno y sostenible en la Red. ¿Cómo? Asumiendo riesgos. El mundo solo lo cambian los emprendedores y los canallas, y ni los unos ni los otros tienen miedo. Es hora de que la juventud tome el mando, porque no tenemos nada que perder.
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Devolvería la llamada antes a Javier Rebollo o Fernando Franco.
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
− Irreversible, de Gaspar Noé. Es un atentado contra el espectador. Me hizo plantearme dónde están los límites del cine, pues me sentí tremendamente agredida. La considero valiosa por esos límites que cruza, pero creo que es mejor no sobrepasarlos.
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− Ahora a Girls, que me parece una absoluta obra de arte: banal, compleja, genial y libre. No puedo admirar más a Lena Dunham, productora, guionista, directora y actriz de la serie. Ella se lo guisa y ella se lo come, lo que hace esa producción aún más brillante.
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Estoy terminando de grabar la primera temporada de Velvet, de reciente emisión en Antena 3. Es un proyecto muy cuidado y estoy segura de que nos va a dar muchas alegrías. Por lo pronto, me está permitiendo trabajar mano a mano con Pepe Sacristán o Aitana Sánchez-Gijón, a quienes respeto un montón. Hacen que este trabajo valga por dos. ¡Estoy contenta! Y en breve vuelvo al teatro, lo que me pone más contenta todavía.
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Vivir de mi profesión sintiendo que nunca me he traicionado.
− ¿Qué canciones simbolizan su día a día?
− Mi banda sonora actual sería una mezcla de Daughter, Fleet Foxes y Sharon Jones, aunque no te vas a creer que a estas alturas de mi vida he descubierto a Rocío Jurado. En el coche voy cantando a tope eso de “Ahora es tarde para echar atrás, señora…”. Sufro un momento bizarro-musical.
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que el pueblo español se moviliza por sus derechos.
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− ¡Uy! He nacido en tantas… [Risas].